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En el desarrollo integral de la persona, la imagen que creemos de nosotros mismos condiciona el modo de enfrentarnos al mundo. Una valoración positiva nos hará sentir más satisfechos con la vida y con las personas que nos rodean. El desarrollo de la autoestima es un proceso que abarca toda la vida del individuo, pero es en la infancia cuando se asentarán las bases de cómo nos valoramos. Los padres tienen múltiples dudas sobre este concepto, que iremos respondiendo con pautas que abarcarán contenidos clave, tales como qué es la autoestima o como potenciar un desarrollo positivo de la misma.

Qué es la autoestima y sus dimensiones

Existen muchas definiciones acerca de lo que es la autoestima, pero en términos generales, de todas las definiciones podemos establecer que es la valoración que uno tiene de sí mismo y esto se establece mediante la propia aceptación y el propio concepto.

La autoestima se puede definir como el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al sentimiento de competencia y valía personal.

El concepto que tenemos de nosotros mismos no es algo heredado, sino aprendido de nuestro alrededor mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotros. La importancia de la autoestima radica en que nos impulsa a actuar, a seguir adelante y nos motiva para perseguir nuestros objetivos.

La infancia es el periodo evolutivo en el que se cimienta el constructo de la autoestima y se crea a través de los datos que obtiene el menor mediante lo que le dicen las demás personas en las relaciones que establece. Desde muy pequeño y a partir de sus primeras experiencias, el niño se forma una idea acerca de lo que le rodea y también construye una imagen personal. Esta imagen mental es una representación que, en gran medida, corresponde a lo que las otras personas piensan de él o ella.

La valoración de la imagen que el niño va haciéndose de sí mismo depende, de alguna manera, de la forma en que él va percibiendo que cumple las expectativas de sus padres, en relación a las metas y a las conductas que se esperan de él. Si el niño siente que sus logros están de acuerdo con lo esperado, se irá percibiendo así mismo como eficaz, capaz, competente. Si siente que no logra lo que se espera de él, va a pensar que no es coma debería, se sentirá poco capaz y poco valioso, lo que ira menoscabando su autoestima (Haeussler y Milicié, 1991).

Al ir formándose el autoconcepto surge la necesidad de ser estimado por los demás y de estimarse a sí mismo. Según Gurney (1988), el autoconcepto es aprendido y se construye a partir de las percepciones que se derivan de la experiencia y que van haciéndose progresivamente más complejas.

Si bien existe una valoración global acerca de sí mismo, que puede traducirse en una percepción de ser querible, valioso y en estar contento de ser como se es; o por el contrario, en un sentimiento de ser poco valioso, no querible y, por lo tanto, un sentimiento negativo y de no aceptación respecto de uno mismo, existen también otras dimensiones o áreas especificas de la autoestima. Dentro de ellas, las siguientes sonmuy significativas en la edad escolar:

  • Dimensión afectiva: Engloba todo lo que tiene que ver con cómo se ve el niño se ve a sí mismo y cómo define los rasgos de la personalidad. Hace referencia a si se ve, simpático, fuerte, tranquilo…
  • Dimensión física: Es la valoración que hace el niño de todo lo que tiene que ver con su físico. Incluye todo lo relacionado con su aspecto y con sus destrezas físicas. (se ve alto, fuerte, guapo…)
  • Dimensión social: Hace referencia a si el niño se siente querido por parte del resto de los menores y adultos con los que se relaciona. Incluye el sentimiento de pertenencia a un grupo social y lo habilidoso que se considere el menor para hacer frente a las diferentes demandas sociales del medio, como relacionarse con otros niños o solucionar los problemas.
  • Dimensión académica: Se basa en cómo se percibe el niño en el ámbito escolar, si se cree capaz de rendir académicamente lo que desde el centro escolar se le demanda. Si se considera buen o mal estudiante en relación con su capacidad cognitiva, si es capaz de superar los fracasos…
  • Dimensión familiar: Es como se perciben el menor como parte de una familia y en la relaciones que se establecen dentro del núcleo familiar. Es fundamental las respuestas que obtengan dentro de la familia para el desarrollo de su autoestima

En todas estas dimensiones es negativo para el desarrollo de la autoestima utilizar etiquetas generalizadoras y negativas del tipo: ” te portas mal”, ” no eres capaz”, “no seas tan tímido” . Para poder modificar una conducta y no utilizar este tipo de etiquetas hay que hacer hincapié en la conducta concreta, es decir, en vez de plantear al menor ” nunca recoges nada de la habitación”, operativizar en la conducta concreta que demandamos. “tienes que recoger los juguetes que tienes tirados en tu habitación” , de esta manera vamos a conseguir que sepa que es lo que tiene que hacer y no se sienta descalificado ni incapaz de lograrlo.

Es importante que tengamos claro que la autoestima también implica la aceptación de cómo somos, lo que conlleva reconocer nuestras limitaciones y aspectos en los que tenemos más dificultades.

¿Por qué es importante la autoestima en la educación?

En la lectura Qué es la autoestima y dimensiones hemos abordado el concepto y las dimensiones que conforman la autoestima, una de esas dimensiones es la académica. Son diferentes los estudios que han podido demostrar la existencia de una estrecha relación entre autoestima y rendimiento escolar ( Reasoner, 1882; Gorestegui, 1992, Saffie, 1992).

La dimensión académica tiene que ver con el rendimiento escolar. Se refiere a la autopercepción de la capacidad para enfrentarse con éxito las situaciones de la vida escolar y, específicamente, a la capacidad de rendir bien y ajustarse a las exigencias escolares.

Debido al número de horas que los menores dedican a lo largo del día a todo lo relacionado con el mundo académico, tiene una importancia especial en su percepción global, por lo que es necesario que los padres y los profesores , por su enorme significación para los niños, asuman un rol activo en el desarrollo de una autoestima positiva y tomen conciencia de los efectos emocionales que tienen la aprobación y el rechazo, por lo que es importante no utilizar etiquetas generalizadoras sino acotar las dificultades al ámbito concreto sin generalizarlo a todo su comportamiento, en vez de verbalizar “ eres un vago, te lo he explicado mil veces” , utilizar expresiones como “ el inglés te cuesta más pero eres muy bueno es matemáticas”

Como es evidente, por lo general los niños con buen rendimiento escolar tienen una buena autoestima. Ellos tienden a confiar en sus capacidades y a sentirse autoeficaces y valiosos, mientras que los niños de bajo rendimiento escolar, tienden a presentar una baja motivación por aprender, a esforzarse poco , a quedarse con una sensación de frustración por sus experiencias de fracaso, a sentirse poco eficaces y a evitar los desafíos escolares, ya que parten del pensamiento que no les va a ir bien.

Los niños con una baja autoestima académica cuando logran tener algún éxito, lo atribuyen a factores externos: “ tuve suerte” o “era fácil la prueba” ; y sus fracasos, a su falta de habilidad; “no puedo”, “no soy capaz” . Este tipo de atribuciones, además de tener un alto costo emocional y ser un freno para el desarrollo de la autoestima, dificultan la superación académica, ya que el menor asume una actitud desesperanzada por falta de motivación y energía para trabajar.

Formas de expresión de baja autoestima en los niños

 La baja autoestima puede expresarse de diferentes maneras dependiendo de la personalidad del niño, de sus experiencias vitales y de los modelos de identificación a los que ha estado expuesto.

Alguna de las actitudes y conductas más frecuentes de los niños con problemas de autoestima son:

  • Actitud excesivamente quejumbrosa y crítica: Es una forma de expresar una sensación de descontento porque las cosas no les resulta como ellos de merecen o esperaban y la sensación de no ser suficientemente valorados por las otras personas. A través de sus quejas y críticas buscan la atención y la simpatía de los otros, pero pueden llegar a ser rechazados porque los demás se aburren de sus constantes quejas o consideran injustos sus reclamos. Esta actitud viene a confirmar en ellos la idea de que nadie los comprende y asumen una posición de víctimas.
  • Necesidad compulsiva de llamar la atención: Son niños que están constantemente demandando que se los atienda, como una manera de lograr que los demás les confirmen que son importantes. Suelen interrumpir, muchas veces de manera inadecuada o inapropiada, para que los demás se fijen en lo que están haciendo o pensando. Normalmente no tienen éxito y reciben respuestas negativas. Así su necesidad de aprobación queda insatisfecha, lo que exacerba la actitud demandante.
  • Necesidad imperiosa de ganar: Son niños que se frustran de manera desproporcionada si pierden. Creen que para ser queridos y aceptados deben lograr ser siempre los primeros y hacerlo siempre mejor que los demás. Sólo están satisfechos cuando logran ser los mejores. En los juegos, no pueden asumir una actitud relajada y de diversión, ya que el perder es vivido como una catástrofe. Lo mismo les sucede en todas las situaciones que involucran competencias y les cuesta entender por qué los demás rechazan sus actitudes triunfalistas. Son malos perdedores, porque no aceptan la derrota; y malos ganadores; porque hacen una ostentación exagerada de sus éxitos.
  • Actitud inhibida y poco sociable: En la medida en que se valoran poco, tiene mucho temor a autoexponerse. Imaginan que son aburridos para los otros niños; por esta razón no se atreven a tomar la iniciativa creyendo que podrían ser rechazados. Aunque no son rechazados, tampoco son populares, ya que, como responde de forma poco activa a las demandas de los demás, sus compañeros tienden a buscar para sus juegos y actividades a niños que tengan una actitud más participativa y entusiasta.
  • Temor excesivo a equivocarse: Son personas que están convencidas de que cometer una equivocación equivale a cometer una catástrofe; por esa razón se arriesgan poco o nada. El temor a no tener éxito les paraliza. Son niños que prefieren decir “no sé” , cuando se les pregunta algo, si no están completamente seguros de la respuesta. Con frecuencia pueden presentar ansiedad frente a las exigencias escolares y en ocasiones pueden, incluso, presentar bloqueo frente a pruebas y exámenes.
  • Actitud insegura: Son niños que confían poco en sí mismos. Presentan gran inseguridad para autoexponerse; por ejemplo; tienen temor a hablar en público y enmarcado sentido del ridículo. Esta actitud frena su creatividad, ya que prefieren hacer sólo aquello que están seguros de hacer bien. A pesar de que muchas veces tienen gran capacidad y dedican mucho tiempo y energía a su trabajo, les falta originalidad, ya que el temor a errar y a probar nuevas experiencias limita sus posibilidades innovadoras.
  • Actitud perfeccionista: Rara vez están contentos con lo que hacen. Cuando son pequeños, a diferencia de sus compañeros, que están orgullosos de sus trabajos y quieren mostrarlos, se muestran disconformes con lo realizado con frecuencia muestran una marcada resistencia a permitir que los demás vean lo que han hecho. La mayoría de ellos, en su afán de corregir y mejorar lo que están haciendo, resultan muy poco productivos. Les cuesta discriminar qué es importante y qué no lo es, por lo que gastan la misma energía en cosas accesorias que en cosas importantes, dejando de hacer, en ocasiones, tareas fundamentales. Sus padres y profesores suelen quejarse de que, aunque sus trabajos son de buen a calidad, son muy lentos y no alcanzan a terminarlos.
  • Actitud desafiante y agresiva: Probablemente ésta es la conducta infantil más difícil de percibir como problemas de baja autoestima, ya que los niños desafiantes aparecen como sobreseguros. Buscan recibir atención de manera inapropiada. En muchas ocasiones, la mayoría de la gente encubre frustración y tristeza con sentimientos de rabia. El temor a la falta de aprobación lo compensan transformando su inseguridad en la conducta opuesta, es decir, en una conducta agresiva.
  • Actitud derrotista: Son los niños y niñas que, por su historia de fracasos, tienden a imaginar que ante cualquier empresa que deban enfrentar los resultados van a ser deficientes, por lo que muchas veces ni siquiera la inician. Son niños que se autoperciben a sí mismos como fracasados. Muchas veces son descritos por los adultos como flojos, pero la verdad es que detrás de esta flojera está el temor a que, a pesar del esfuerzo realizado, los resultados son insuficientes.
  • Necesidad compulsiva de aprobación: Son niños y niñas que quisieran ser constantemente aprobados por todos. Necesitan reconocimiento por cada logro y están buscando permanentemente la atención de los adultos, dependiendo de ellos para su valoración personal. Detrás de esta necesidad de aprobación hay una inseguridad muy grande, una falta de confianza en sus propias capacidades, y un temor muy marcado a mirarse a sí mismos, a enfrentar sus sentimientos y a autoevaluarse.

Formas de expresión de la autoestima positiva en los niños

Las expresiones de un niño con autoestima positiva son variadas y dependen tanto de factores de personalidad como de factores ambientales. Sin embargo, hay rasgos comunes que podrían sintetizarse de la siguiente manera:

En relación a sí mismo:

  • Tiene una actitud de confianza frente a sí mismo, actúa con seguridad y se siente capaz y responsable de lo que piensa, siente y hace
  • Es una persona integrada, que está en contacto con lo que siente y piensa
  • Tiene capacidad de autocontrol y es capaz de autorregularse en la expresión de sus impulsos.

En relación a los demás:

  • Es abierto y flexible, lo que le permite crecer emocionalmente en relación con otros
  • Tiene una actitud de valoración de los demás y acepta como son
  • Es capaz de ser autónomo en sus decisiones y le es posible disentir sin agredir
  • Toma la iniciativa en el contacto social y, a su vez, es buscado por sus compañeros, porque resulta atrayente
  • Su comunicación con los otros es clara y directa. Los elementos verbales coinciden con los no verbales, por lo que su comunicación es congruente
  • Tiene una actitud empática; es capaz de conectarse con las necesidades de los otros
  • Establece de forma adecuada relaciones con sus profesores y con otras personas de mayor jerarquía

Frente a las tareas y obligaciones:

  • Asume una actitud de compromiso, se interesa por la tarea y es capaz de orientarse por las metas que se propone
  • Es optimista en relación a sus posibilidades para realizar sus trabajos
  • Se esfuerza y es constante a pesar de las dificultades. No se angustia en exceso frente a los problemas, pero se preocupa por encontrar soluciones
  • Percibe el éxito como el resultado de sus habilidades y esfuerzo
  • Cuando se equivoca es capaz de reconocerlo y de enmendar sus errores; no se limita a autoculparse ni a culpar a los otros
  • Su actitud es creativa. Es capaz de asumir los riesgos que implica una tarea nueva
  • Es capaz de trabajar en grupo con sus compañeros

 

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